Cuando aparece dolor en una articulación, una molestia que se repite al entrenar o una lesión que “nunca termina de curar”, es común escuchar recomendaciones basadas en experiencias ajenas. En temas musculoesqueléticos, muchas decisiones se toman con prisa, por miedo a “quedarse mal”, o por la idea de que toda visita con el traumatólogo termina en cirugía. Esto alimenta mitos que, además de confundir, pueden retrasar un diagnóstico oportuno y favorecer recaídas.
El traumatólogo es el especialista que evalúa lesiones de huesos, articulaciones, ligamentos, tendones y músculos. Su trabajo no se limita a tratar fracturas. También se enfoca en dolor crónico, lesiones deportivas, inestabilidad articular, desgaste de cartílago, problemas de postura y condiciones que afectan la movilidad. Entender qué es verdad y qué no ayuda a tomar mejores decisiones, reducir complicaciones y recuperar función con mayor seguridad.
Mito 1: “Si voy al traumatólogo, seguro me van a operar”
Esta es una de las creencias más frecuentes. La realidad es que la mayoría de los problemas que ve un médico traumatólogo se manejan primero con medidas conservadoras. Reposo relativo, rehabilitación, ejercicios guiados, control de inflamación, cambios en técnica deportiva, fortalecimiento y, en algunos casos, inmovilización temporal, suelen ser suficientes para muchas lesiones.
La cirugía se considera cuando hay criterios claros, por ejemplo fracturas inestables, rupturas completas con inestabilidad marcada, lesiones que no responden a un tratamiento bien indicado o casos en los que la función está comprometida de forma importante. Un buen especialista en traumatología explica el porqué de cada opción y busca el equilibrio entre recuperación y seguridad. Ir a consulta no significa entrar en una ruta quirúrgica, significa obtener un diagnóstico correcto y un plan de tratamiento acorde a tu caso.
Mito 2: “El dolor es normal; si aguanto, se me quita”
El dolor puede ser una señal de sobrecarga, lesión o inflamación. A veces mejora con descanso y ajustes simples, pero cuando se vuelve recurrente, limita movimientos o se acompaña de inflamación, chasquidos, bloqueo articular, sensación de inestabilidad o pérdida de fuerza, conviene una valoración con traumatólogo.
“Aguantar” suele tener un costo. Una lesión de ligamento o un desgarro parcial, por ejemplo, puede empeorar si se continúa entrenando sin control. En la vida diaria, compensar con posturas o movimientos “para no doler” puede generar problemas secundarios en espalda, cadera o rodilla. Lo que sí funciona es identificar la causa y corregir el factor que la provoca, en lugar de ignorar el síntoma.
Mito 3: “Si no hay hinchazón o moretón, no hay lesión”
No todas las lesiones se manifiestan con inflamación evidente. Algunas fracturas pequeñas, fisuras o lesiones por estrés pueden presentarse como dolor localizado sin gran hinchazón. Lo mismo ocurre con ciertas lesiones del cartílago o de tendones profundos. En hombro, por ejemplo, un problema del manguito rotador puede doler al levantar el brazo, sin moretón y sin un golpe directo.
El traumatólogo integra el mecanismo de lesión, la exploración física y, si es necesario, estudios de imagen para diferenciar entre dolor muscular transitorio y una lesión que requiere manejo específico. Minimizar un dolor “porque no se ve” es una de las razones más comunes de recaídas.
Mito 4: “Una vez que ya no duele, ya estoy listo para volver igual que antes”
Que el dolor disminuya no siempre significa que la zona esté lista para la misma carga. Tras un esguince, una luxación o una lesión muscular, puede quedar debilidad, pérdida de estabilidad y disminución de la propiocepción, que es la capacidad del cuerpo para detectar la posición de la articulación y reaccionar ante cambios. Si se regresa a entrenar con esa base incompleta, la probabilidad de recaer aumenta.
Lo que sí funciona es un regreso progresivo. Un traumatólogo o un equipo de rehabilitación suele pautar etapas: movilidad, fuerza, estabilidad, coordinación y reintegración a gestos específicos del deporte o del trabajo. Esta transición reduce recaídas y mejora la movilidad real, no solo la sensación de “ya pasó”.
Mito 5: “El reposo total es la mejor solución”
En lesiones agudas, un periodo corto de reposo relativo puede ser útil, sobre todo si hay dolor e inflamación. Sin embargo, el reposo absoluto prolongado suele empeorar rigidez, disminuir fuerza y retrasar el retorno a la función. En muchas condiciones musculoesqueléticas, moverse de forma controlada y guiada es parte del tratamiento.
Lo que sí funciona es el equilibrio entre protección y actividad. Inmovilizar cuando es necesario, pero iniciar movilidad segura y fortalecimiento en el momento adecuado. El traumatólogo define ese momento según la lesión y la respuesta clínica.
Mito 6: “Tronar la espalda o el cuello ‘acomoda’ y cura”
Sentir alivio después de que “truena” una articulación no significa que el problema de fondo se resolvió. Ese sonido suele relacionarse con cambios de presión dentro de la articulación o movimiento de tejidos, y el alivio puede ser temporal. El riesgo aparece cuando se hacen maniobras repetitivas o agresivas sin diagnóstico, especialmente en cuello o columna, donde hay estructuras nerviosas y vasculares sensibles.
Lo que sí funciona para la columna es evaluar el origen del dolor, mejorar movilidad con ejercicios apropiados, fortalecer musculatura de soporte y corregir hábitos que mantienen la sobrecarga. Si se requiere terapia manual, debe ser indicada y realizada por profesionales capacitados, con una razón clínica clara.
Mito 7: “Si duele, es porque me estoy lastimando y debo evitar moverme”
Existe un tipo de dolor que advierte lesión, pero también hay dolor asociado a rigidez, inflamación controlable o debilidad que mejora con movimiento progresivo. Evitar por completo la actividad por miedo al dolor puede llevar a descondicionamiento, más rigidez y pérdida de confianza al moverse. En ese contexto, la movilidad empeora y el dolor se vuelve más persistente.
Lo que sí funciona es diferenciar dolor de alarma de dolor tolerable durante la rehabilitación. Un traumatólogo puede orientar sobre rangos seguros, ejercicios adecuados y señales que sí indican detenerse, como dolor agudo intenso, pérdida de fuerza repentina, aumento marcado de inflamación o sensación de inestabilidad.
Lo que sí funciona para prevenir recaídas según la traumatología
Prevenir recaídas no depende de una sola acción, sino de una estrategia consistente. Fortalecer la musculatura que estabiliza la articulación es fundamental. En tobillo, se trabaja no solo fuerza, también equilibrio. En rodilla, además del cuádriceps, importan glúteos y control de cadera. En hombro, la estabilidad escapular y el manguito rotador son clave.
La técnica también importa. Correr con mala mecánica, levantar peso sin control del tronco o hacer giros bruscos sin preparación aumenta el riesgo de lesión. Ajustar la carga de entrenamiento, respetar descansos y progresar de forma inteligente reduce sobrecargas. En el trabajo, cuidar ergonomía, calzado, pausas activas y técnica de carga disminuye lesiones por repetición.
El calentamiento adecuado y el enfriamiento con movilidad y estiramientos suaves pueden ayudar, pero no sustituyen el fortalecimiento. La prevención real se construye con hábitos sostenidos, no con medidas aisladas cuando ya hay dolor.
Cuándo el traumatólogo debe reevaluar para evitar que el problema se vuelva crónico
Hay señales que ameritan una nueva valoración. Dolor que regresa al retomar actividad, inflamación repetida, sensación de “falseo”, bloqueo articular, debilidad persistente, hormigueo o dolor que se irradia, y limitación que no mejora pese a ejercicios bien realizados. En esos casos, el traumatólogo puede ajustar el diagnóstico, solicitar estudios si hace falta y redefinir el plan de rehabilitación o tratamiento.
Movilidad: el objetivo final más allá de “quitar el dolor”
Mejorar movilidad significa recuperar movimiento útil, estable y sin miedo. A veces, el dolor desaparece, pero la articulación queda rígida o débil, lo que aumenta el riesgo de lesión futura. El enfoque del médico traumatólogo busca recuperar función. Esto incluye movimiento, fuerza, control, resistencia y capacidad de realizar actividades cotidianas o deportivas con seguridad.
Entender estos mitos y reemplazarlos por estrategias que sí funcionan te ayuda a tomar mejores decisiones, evitar recaídas y recuperar movilidad de manera más sólida. Un traumatólogo no es un último recurso, es un aliado para resolver el origen del problema, guiar la recuperación y ayudarte a volver a moverte con confianza.
Por qué existen tantos mitos alrededor de la cirugía de columna
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